[A extramuros]: el falso banquero que quiere adueñarse de la ciudad

El 16 de octubre del 2002 agentes del Cuerpo Nacional de Policía de Santiago, en colaboración con la Brigada Local de Policía Judicial de A Coruña irrumpían en las  lujosas oficinas de un banco falso. Se llevaban consigo a Carlos Alfonso García Martín, acusado de estafa y de un delito contra los trabajadores, tras haberse hecho pasar por director territorial para Galicia de un supuesto banco americano.

Imagen de Paco Rodríguez (LVG). Oficinas del banco falso.

Carlos Alfonso, o también conocido como Carlos Díaz Velo -identidad falsa que utilizó para montar A.C Bank- no se ha quedado de brazos cruzados estos 17 años. El empresario coruñés es propietario y administrador de un pequeño imperio formado por más de 20 sociedades, dueño desde noviembre de la histórica firma de rótulos Feca-Neón. Así mismo, según informaban las principales cabeceras de prensa de la ciudad, el silencioso empresario estuvo a punto de firmar la compra de Isidro de la Cal, un gigante del procesado de pescado que factura más de 35.000.000 de euros. También, el empresario aseguró de forma pública que se mantenía cercano a cerrar la compra de Ipasa, factoría coruñesa de pan congelado, dueña de la cadena de establecimientos Sanbrandán.

Son muchas las incógnitas que rodean al patrón coruñés. Ya se ha presentado a la plantilla de Isidro 1952 como su nuevo propietario pero, no obstante, con los datos del Registro Mercantilen la mano, la única operación que de momento ha cerrado en los últimos meses es la compra de la empresa de rótulos ya mencionada. Si se llegan a oficializar estas adquisiciones, Carlos Alfonso se convertiría en uno de los pilares fundamentales de la ciudad, dando de comer a más de 500 familias y manejando un cuantioso negocio de 50.000.000 de euros. Sin embargo, si su historial delictivo no fuese suficiente, varios empleados de sus empresas más consolidadas como puede ser Óptica Galega, dicen que no cobran, según aseveró La Opinión recientemente.

Remontándonos a los hechos ocurridos en 2002 y 2003, Carlos pasó más de diez meses entre rejas con tan solo 36 años, después de que la policía desmantelase su banco casero en el polígono do Tambre (Santiago), poniéndole freno a una desorbitada gestión de altos vuelos y al margen de la ley. Solo la adecuación de la oficina bancaria costó más de 240.000 euros, superior a la facturación anual, de, por ejemplo, Feca-Neón. De los que no llegó a pagar nada. 

Las personas nacimos para cometer errores y, quizás, Carlos Díaz tuvo que entrar en prisión para convertirse en un hombre honrado. El tiempo nos lo dirá. 

Redacción.