[4C]: “El Día de la Madre salvó mi floristería”

Ella, comedida y reservada, no quiere dar el nombre de su negocio ni el suyo. Pero es la mejor evidencia de que la profesionalidad y el vigor se armonizan para demostrar que si el miedo a la muerte y el afán por controlarnos crean sociedades cautivas, condenadas al atraso y a la muerte; la confianza en la libertad, en las personas y en sus posibilidades confiere a nuestras vidas un poder ilimitado. Se lo contamos:


Caminamos bajo senderos inciertos, en siete semanas hemos dejado atrás esa vida y ese mundo que conocíamos, pero todos tendremos una historia que contar. Pequeñas pero grandes historias de barrio, de lucha, de duelo, de ayuda y, también, de esperanza.

La llamada fue larga y tendida. Mientras le preguntábamos, arreglaba unos lirios que serían entregados este domingo. Al otro lado del teléfono, su voz seguía siendo suave y calmada, aunque ha perdido todos los eventos que tenía previstos, su clientela y a una trabajadora. Pero no hay desafío capaz de frenarla.

Nos dice que “no sé si saldremos reforzados de esta pandemia como sociedad, pero yo, como persona, sí”. El virus le ha hecho temblar, hubo noches en las que apenas dormía de miedo. Daba vueltas a la cama y lloraba, lloraba por sus dos hijos, por su marido sin trabajo y por ella. ¿Qué mundo le espera a la salida de esta crisis?

No lo sabe y nosotros tampoco. ¿Significa esto que nuestra situación es desesperada? Rotundamente no. Si observamos las cosas desde la distancia adecuada, podemos relativizar nuestros problemas. Ella lo ha hecho y, gracias a una rápida comunicación a través de WhatsApp, los pedidos se multiplicaron. Ha salvado su floristería pero también ha salvado algo más importante, su sueño.

La tormenta amainará y los caminos se amansarán. Recordaremos todo lo perdido, aprenderemos todo lo que no aprendimos y, de una vez, volveremos mejores.

Redacción.


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